Le di a Dios una fecha límite.
Yo tenía solamente 13 años y no entendía plenamente todos los peligros que nos rodeaban a mí y a mi gente.
Nuestro mundo en blanco y negro en Rumanía comunista estaba marcado por el control gubernamental en todos los aspectos de nuestras vidas: la comida, la ropa, el trabajo e incluso en lo que lo podíamos decir y creer. Dios no era bienvenido y nos habían robado la libertad de escuchar Su nombre o de adorarlo abiertamente.
En medio de esta opresión, aprendí que a Dios no se lo puede limitar. Fui testigo del poder del evangelio cuando Dios traspasó la oscuridad espiritual a mi alrededor. Como dice Juan 1:5, «La luz brilla en la oscuridad, y la oscuridad jamás podrá apagarla».
Vi Su luz por primera vez en una Biblia escondida en las tablas del piso de nuestro apartamento asignado por el gobierno. Luego la vi en un compañero valiente de mi clase que me invitó a una iglesia clandestina y en la audacia de un pastor que me acogió bajo su protección.
Mi pastor me ayudó a comprender el tesoro que se encontraba bajo las tablas de nuestro piso. Me enseñó a orar y declaró con convicción que Dios siempre responde.
Un invierno, decidí poner a prueba esta declaración audaz. La comida escaseaba, rara vez había electricidad y la única forma de divertirnos al aire libre era si nevaba. Entonces mi corazón se fijó en un solo motivo de oración. Yo era solo una pequeñita con una petición sencilla: Dios, no me gusta el frío afuera. ¿Podrías comprobar que me oyes? ¿Me enviarías nieve?
Yo esperaba que Él me respondiera con nieve blanca y mullida al próximo día, pero no lo hizo. Durante los siguientes dos meses, no hubo nieve a la vista. Me sentía tan decepcionada. Luego le dije a Dios que Él tenía tres semanas, hasta el día de Navidad, para comprobar que Él era real, respondiendo mi oración.
El día de Navidad vino y se fue sin nieve, y yo estaba lista para renunciar a Dios. ¡Pero Dios nunca está dispuesto a renunciar a ninguna de nosotras!
El día después de Navidad, corrió la voz de que había algo especial en la tienda de comestibles. Junto a los niños del pueblo, todos corrimos tan rápido como pudimos, y vimos tres camiones pequeños llenos de cajas coloridas de zapatos proporcionadas por Operation Christmas Child. Se las entregaron a los niños incondicionalmente, sin ninguna restricción, sin pedir cupones de racionamiento ni dinero. Cuando recibí mi caja de regalo, también recibí un mensaje claro que Dios me amaba. Me quedé mirando fijamente ese estallido de color en mi mundo blanco y negro.
Y luego, al abrir mi caja, encontré la respuesta a mis oraciones: un globo de nieve en plateado y azul que encendió mi fe.
Dios respondió a mi oración pidiendo nieve a Su tiempo y a Su manera perfecta. Finalmente comprendí Su fidelidad y bondad, y decidí servirle por el resto de mi vida.
Si hoy te encuentras aguardando la respuesta de Dios, oro para que reconozcas Su respuesta cuando llegue. Él construye nuestra espera cuidadosamente para moldear nuestra opinión acerca de Él, ¡para que podamos reconocer que no hay nada que Él no pueda superar!
por IZABELLA MCMILLON
