¿Abrumada y exhausta? ¡Lee esto!
Mi punto de quiebre ocurrió mientras lavaba un montón de platos sucios a medianoche. Mi esposo me encontró fregando una cacerola como si mi vida dependiera de ello, porque realmente creía que así era.
«¿Por qué estás lavando los platos? Ve a dormir», dijo él con ternura.
«No puedo irme a dormir. Si lo hago, todo se desmoronará», expresé mientras lágrimas corrían por mi rostro.
Dios había estado enviando señales de advertencia a mi alma durante un tiempo, pero las estaba ignorando, temerosa de lo que podría ocurrir si desaceleraba.
Estaba ocupándome de mi recién nacido, manteniendo un hogar, trabajando, sirviendo… sin mencionar la atención a mi matrimonio y vida social, además de intentar hacer ejercicio regularmente y dormir ocho horas. El hecho de que estuviera llorando por una cacerola iba más allá de trastes sucios. Era una expresión externa de un desbordamiento interno. Me encontraba física y espiritualmente agotada. Lamentablemente, dedicar mi tiempo a otras cosas se sentía más urgente que dedicar mi tiempo a Jesús.
Tú también probablemente tienes una lista de responsabilidades larga, y el peso es agotador y abrumador. Te han dado una vida hermosa para cuidar, pero ¿cómo puedes manejarlo todo?
Jesús ofrece un camino mejor. A través de los relatos evangélicos en las Escrituras, vemos cómo Él manejó responsabilidades abrumadoras:
Levantándose muy de mañana, cuando todavía estaba oscuro, Jesús salió y fue a un lugar solitario, y allí oraba (Marcos 1:35).
Si alguien tenía motivos para sentirse mentalmente desgastado o para apresurarse en ansiedad por una lista interminable de tareas, ese habría sido Jesús. Sin embargo, Él se tomó el tiempo para priorizar la presencia de Dios.
Esta elección no significaba que Él era débil, sino que era fuerte. No era porque no pudiera cumplir con Sus tareas, sino porque quería priorizar a Su Padre primero.
Jesús fue fortalecido por la comunión regular con Dios. Sus responsabilidades no eran una excusa para alejarse de la relación más importante, sino más bien para acercarse.
Cuando llegué a mi límite, fue un momento de gracia, recordándome que hay muchas bendiciones en la vida que solo se pueden experimentar cuando vivimos desde un lugar de descanso y soledad, alimentados por el tiempo regular en la presencia de Dios. Nuestro Salvador nos muestra que nuestros límites son regalos, y solo pasando tiempo con Él podemos estar equipadas para desbordar Su plenitud en cada una de las demás áreas de la vida.
Hermana, hay gracia nueva cada día. Busca puntos de control regulares a lo largo de tus días ajetreados para decir una oración, recitar las Escrituras en medio del estrés, o absorber la Verdad de Dios durante un descanso o mientras juegan tus hijos. La montaña que tenemos delante parecerá menos abrumadora a medida que caminemos más cerca de Jesús con consistencia.
Él establece el ritmo y nuestra tarea es correr la carrera de manera adecuada.
por TARA SUN
