Tu cuerpo merece más.
Aún no he conocido a alguna mujer que no tenga una relación complicada con su cuerpo. Traumas pasados, problemas de salud complejos, luchas constantes y fluctuaciones bioquímicas contribuyen a nuestros sentimientos de frustración y comparación.
Y en medio de todo eso, hay millones de nosotras que solo queremos libertad corporal. Amar y aceptar a las personas que Dios quiso que fuéramos sin importar nada más.
Durante toda mi vida, he observado la cultura que ha contribuido en gran medida a formarnos. Y estoy aquí para hacerle frente finalmente. Aunque no creo que las hijas de Dios seamos llamadas a vivir con una mentalidad de víctimas, sí creo que debemos ver, reconocer y combatir las formas en las que hemos sido influenciadas por las mentiras del mundo. Para comenzar, compartiré tres verdades:
1. Tu cuerpo merece más que discursos vacíos. Muchas de nosotras hemos experimentado heridas profundas, dolor no expresado y sufrimiento continuo que hace que la propaganda de la cultura de la positividad corporal resuene sorda. Para encontrar la verdadera libertad corporal y una paz duradera, necesitamos una teología más profunda con respecto al cuerpo integral. Esto cambia toda nuestra mentalidad y nos libera de una vez por todas.
2. Tu cuerpo merece algo más que una autosuperación constante. Diariamente recibimos bombardeos de información sobre pérdida de peso, cuidado de la piel, suplementos y más. Esta cultura del mejorar constantemente es agotadora. En cambio, Dios desea que prosperemos en abundancia, viviendo en armonía en los cuerpos que Él creó (Génesis 1:27).
3. Tu cuerpo merece algo más que vergüenza. Nuestro deseo de cambiar nuestro cuerpo se debe a menudo a algo mucho más profundo que la baja autoestima: la vergüenza. Nuestro pasado puede llevarnos a desarrollar vergüenza profunda, de la cual Dios quiere liberarnos para que podamos vivir como personas plenas. Comprender nuestra función, diseño y propósito como seres creados a Su imagen (imago dei) nos libera de esa vergüenza y nos ayuda a tomar mejores decisiones sobre nuestro cuerpo.
Las palabras de Pablo en 1 Tesalonicenses 5:23 nos recuerdan el camino hacia la paz corporal que buscamos. Es una libertad que solo se encuentra en Cristo, no por medios externos: «Que Dios mismo, el Dios de paz, los santifique por completo». Esa libertad se encuentra en comprender nuestro ser completo: «y conserve todo su ser —espíritu, alma y cuerpo—, irreprochable para la venida de nuestro Señor Jesucristo».
Aunque no nos demos cuenta, las inseguridades, la enseñanza errónea y los traumas a temprana edad pueden hacernos analizar detalladamente el cuerpo por partes, lo que nos lleva a vernos y tratarnos como objetos, artistas y proyectos.
Pero nuestras relaciones complicadas del pasado no tienen por qué definir cómo viviremos de ahora en adelante. Nuestros cuerpos fueron creados por un Dios amoroso que nos está llamando a una verdadera libertad corporal.
¿Estás lista para descubrir lo que nunca habías aprendido para vivir más libre que nunca?.
por LISA WHITTLE
