Tus problemas son una herramienta.
Le di otro pañuelo a mi amiga; sus hombros se agitaban mientras sollozaba. Su hijo adolescente tenía problemas en la escuela y con la ley. Con vacilación me relató los detalles, aparentemente avergonzada. Intervine con compasión: «No pasa nada. Yo entiendo. Nuestro hijo tuvo problemas con las autoridades aproximadamente a la misma edad».
Su rostro cambió al instante. «¿En serio?», preguntó. Entonces le conté sobre la época difícil que vivimos con uno de nuestros hijos, quien ahora es un esposo amoroso, un empresario trabajador y un seguidor de Jesús que sirve en su iglesia local. Ella comentó que nunca se habría imaginado que él hubiera hecho algo ilegal.
Todas enfrentamos problemas en la vida, ya sean situacionales, relacionales o físicos. Lo que marca la diferencia es cómo percibimos esos problemas. ¿Dejaremos que nos definan o elegiremos creer que Dios puede usarlos para atraer a otros hacia Él?
Mi amiga pudo haberse puesto una etiqueta de «pésima mamá», pero en cambio, permitió que Dios le mostrara que los problemas pueden acercarnos a Él. Nuestras experiencias difíciles también pueden permitirnos compartir el evangelio con otros.
El apóstol Pablo escribió la carta a los Filipenses durante un tiempo difícil: su encarcelamiento. Sin embargo, declaró: «Hermanos, quiero que sepan que, en realidad, lo que me ha pasado ha contribuido al avance del evangelio» (Filipenses 1:12). Fue encarcelado por su fe en Jesús, pero no permitió que las rejas de la prisión lo confinaran ni lo definieran. No sólo escribió esta carta en su situación angustiosa, sino que dio a conocer el evangelio «…a toda la guardia del palacio y a todos los demás…» (Filipenses 1:13, NVI).
Al igual que con Pablo, tus problemas y los míos pueden convertirse en una herramienta. Mi hogar de la infancia a menudo estaba lleno de abuso de drogas, miedo e incluso violencia. Como adulta he soportado amistades fracturadas, los berrinches de niños pequeños y adolescentes rebeldes. Mi matrimonio ha pasado por conflictos y mi cuenta bancaria a veces ha estado casi vacía. Pero nunca he estado sin un Dios dispuesto a consolarme en mis problemas y usarlos para bien.
Admito que a menudo he deseado una historia diferente. Todas tenemos páginas en nuestras biografías que preferiríamos arrancar. Pero nuestras historias son incompletas si le arrancamos capítulos. Cada escena, agradable o dolorosa, forma quiénes somos, y Dios puede usar nuestras historias para señalar a otros hacía Él.
Nuestros peores capítulos pueden convertirse en las herramientas más efectivas de Dios. Quien una vez luchó con la inseguridad puede convertirse en quien infunde confianza en los demás. Quien estuvo atrapado en las garras de cierto pecado puede convertirse en quien guía a otros hacia la libertad. El estudiante que tuvo dificultades con un problema de aprendizaje puede convertirse en un enseñante que pacientemente ayuda a sus alumnos a crecer y prosperar con éxito.
No, tus problemas no son sólo problemas: pueden ser herramientas de Dios.
por KAREN EHMAN
