Cuando te sientes agotada.
Me sentía tan cansada y vacía. El ministerio me había agotado.
Cada una de nosotras está ministrando a alguien: niños preescolares, adolescentes, padres, amigos, compañeros de trabajo… la lista continúa. Ese día, estaba viajando para enseñar a mujeres en otro estado, preguntándome si podía dar más de mí.
¿Alguna vez has sentido que estás raspando el fondo del balde emocional? ¿Te preguntas si podrías continuar, si Dios había terminado contigo, si tus mejores días habían quedado atrás?
Mientras entraba a la habitación del hotel, susurros burlones llenaron mi cabeza: No te queda nada. Estás completamente agotada. Ríndete y vete a casa.
Al ir al lavabo para echarme agua fría en la cara, noté un trapito roto, que solía ser blanco, doblado cuidadosamente sobre el mostrador. «Al igual que yo, hasta el trapo está gastado», suspiré. Pero junto a esta tela raída había una nota de «El trapo»:
No soy más que un trapo, viejo, andrajoso y desgarrado.
¡Espera!
Todavía me pueden poner a trabajar.
Todavía puedo ser usado para lustrar tus zapatos, quitarte el maquillaje o limpiar tu auto.
Estoy gastado pero limpio, listo para ser usado en lugar de una toalla blanca suavecita.
Cuando esté sucio, tírame al suelo para que me limpien y pueda ser útil nuevamente.
Gracias,
«El trapo»
De inmediato pensé en todos los hombres y las mujeres de la Biblia que se sintieron agotados en un momento u otro… incluso Jesús. En Su humanidad, Él también se cansó (Juan 4:6).
Recordé que el profeta Isaías escribió acerca de Dios, «Él fortalece al cansado y acrecienta las fuerzas del débil. Aun los jóvenes se cansan, se fatigan, los muchachos tropiezan y caen; pero los que confían en el SEÑOR renovarán sus fuerzas; levantarán el vuelo como las águilas, correrán y no se fatigarán, caminarán y no se cansarán» (Isaías 40:29-31, NVI).
¡Sí, podemos sentirnos temporalmente cansadas y agotadas! Es posible que necesitemos tomarnos una pausa y descansar como lo hizo Elías el profeta, como lo hizo David, como lo hizo Jesús. Pero incluso en nuestros momentos más agotadores, Dios finalmente nos dará la fuerza para seguir adelante. No importa cuán desgastada físicamente, exprimida emocionalmente o destrozada y desgarrada espiritualmente te sientas, Dios tiene un propósito y un plan para tu vida. ¡Y aún no ha terminado!
Con una sonrisa en mi rostro, le di gracias a Dios por usar un trapo para recordarme que incluso cuando me siento agotada y cansada, Él todavía tiene trabajo para mí. Él está ahí para levantarme, llenarme y darme fuerzas. Y Él es capaz de hacer lo mismo por ti ahora y en el futuro.
por SHARON JAYNES
